En este artículo de El Mundo desvelamos qué bebida es más saludable.
Antes de entrar en materia, conviene dejar una cosa bien clara: el único consumo de alcohol recomendado es cero. El Ministerio de Sanidad no deja lugar a la duda: asumiendo que cualquier ingesta, por mínima que sea, implica riesgo, los límites del consumo promedio de bajo riesgo se sitúan en torno a 20 g/día (2 UBEs**) para hombres y en 10 g/día (1 UBE), para mujeres.
En España, según datos de Sanidad, beber alcohol es el 4º factor de riesgo de pérdida de salud (Años de Vida Ajustados por Discapacidad-AVAD), el 2º en mujeres y el 5º en hombres. Considerado como uno de los principales factores de riesgo de enfermedad, contribuye al desarrollo de más de 200 problemas de salud, incluyendo enfermedades cardiovasculares, hepáticas, neuropsiquiátricas, y enfermedades transmisibles entre otras.
Si, llegados a este punto, se sigue leyendo, porque se asume que nuestro ‘consumo es moderado’ y lo que nos interesa saber es qué es ‘mejor’ el tinto de verano o la cerveza habría que empezar por decir que cada bebida, obviamente, tiene sus características.
“Dando por hecho que el tinto de verano lo vamos preparar con gaseosa o limón cero y dependiendo del vino que utilicemos, los 200 mililitros que tiene un vaso nos aportarían unas 125 kilocalorías, aproximadamente”, apunta la nutricionista María Amaro.
“Pues por lata o botella tiene entre 50 y 100 kilocalorías“.
Está claro que el recuento de calorías por una simple bebida sale bastante caro y, más todavía, si se tiene en cuenta que “estamos hablando de que el alcohol aporta kilocalorías vacías de nutrientes. Es decir, que no aportan nada bueno”.
Pero, más allá de ese alcohol -siempre dañino- y sus calorías, que no hacen más engordar sin proporcionarnos nada interesante, cada una de estas opciones atesora sus características propias. “El vino tiene un gran poder antioxidante. Contiene polifenoles, que ayudan a neutralizar los radicales libres, protegiendo las células del daño oxidativo, contribuyendo a una mejora de la salud cardiovascular y una reducción de los niveles de azúcar en sangre y de la inflamación”.
Estos son los nutrientes por los que la Sociedad Española del Corazón señala -con bastante controversia, por cierto- a la cerveza como ‘bebida cardiosaludable‘: ácido fólico; proteínas; carbohidratos, algunos en forma de fibra soluble; minerales como el fósforo, silicio, potasio y sodio (este último en poca cantidad); vitaminas del grupo B (niacina, piridoxina y riboflavina) y folatos. También, apuntan, es rica en lúpulo, una sustancia que contiene polifenoles (flavonoides) con propiedades antioxidantes y efectos beneficiosos sobre el envejecimiento y el riesgo cardiovascular.
Amaro no lo cree así y achaca ese mito de la ‘tripa cervecera’ al festival de tapas y aperitivos grasientos que acompaña el consumo de cañas. “Es indudable que beber cerveza incide en las hormonas que regulan el hambre y la saciedad, ’empujándonos’ a comer más. Y lo peor es que ese ‘más’ suele incluir alimentos poco saludables, como patatas fritas, rebozados, etc.”.
“Pues la elección depende, básicamente, del gusto de cada uno. Lo que tenemos que intentar siempre es hacer un consumo moderado. Sobre todo, si hay alcohol de por medio”. En este sentido, prosigue, “cabe recordar que la cerveza no sólo no nos ayuda a combatir el calor, sino que favorece la deshidratación ya que, al ser diurética, nos hace perder mucho más líquido a través de la orina. Vasodilatador, el alcohol, además, aumenta nuestra temperatura corporal”, explica Amaro.
Con toda esa información en mente, la cosa clara: “Podemos tomar una cerveza o un tinto de verano, pero lo que tenemos que beber en abundancia es agua. Más todavía, cuando las temperaturas son tan altas como en esta época del año”. Más claro…
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En este artículo de El Mundo desvelamos las claves del ayuno intermitente.
‘Hara Hachi Bu’, ayuno intermitente y proteínas de calidad: la fórmula que necesitas para disfrutar del buffet del desayuno y conseguir adelgazar
Cambiar el ‘chip’ y aprovechar que nos dan todo hecho, no solo para comer cosas ricas, sino para ponernos en forma. Ese es el reto de ZEN para este verano.
El buffet del desayuno del hotel es, junto a la cerveza helada, la siesta y la paella frente al mar, uno de esos sublimes placeres que nos brindan las vacaciones de verano. El reto, como advierte la especialista en nutrición María Amaro, consiste “en disfrutarlo a tope sin que el tema se nos vaya de las manos y volvamos a casa con un par de kilos (por ser generosos) de más”. Y, puestos a pedir, en aprovechar que nos lo dan todo hecho, para resetear nuestro organismoe, incluso, hasta para adelgazar (si es que lo necesitamos).
Ante todo, como seres supuestamente racionales que somos, controlar ese ansia viva que nos empuja a comer con los ojos y, puestos a pedir, “practicar la modalidad más llevadera de ayuno intermitente, que consiste en dejar pasar 12 horas entre la cena y la primera ingesta del día -sin descuidar nuestra hidratación- y desayunar tras hacer un poco de ejercicio (con una buena caminata bastaría)”, aconseja el nutricionista Javier Fernández Ligero.
Luego, concienciarnos de dos truquitos muy básicos. “Servirnos cantidades pequeñas y comer despacio para que a nuestro estómago le dé tiempo de enviar al cerebro el mensaje de que ya está saciado (si tragamos la comida como pollos la información no llega y comemos por encima de nuestras necesidades)”. De esta manera tan sencilla, podemos acostumbrarnos a poner en práctica el famoso método japonés para no engordar que con tanta insistencia recomienda Vicente Mera, responsable de Medicina Interna y Antienvejecimiento en SHA Wellness Clinic (Alicante): ‘El ‘Hara Hachi Bu’ consiste en ‘no meter en la panza -Hara- más del 80% de lo que querrías comer (Hachi Bu)“, explica este galeno. O sea, en quedarnos con algo de hambre.
Pero sigamos con el momento buffet. Antes de lanzarnos en plancha sobre la zona de bollería, estaría bien cambiar el rumbo y “arrancar hidratando nuestro organismo con un buen vaso de agua, al que podemos añadir una rodaja de limón” mientras pasamos revista a la oferta de frutas. “En verano tenemos una variedad exquisita. El melón y la sandía son muy hidratantes y bajas en calorías. Fresas, moras y arándanos son ricas en antioxidantes y fibras. Kiwi y piña, fuentes de vitamina C. Manzana y pera, además de ricas en fibra, son perfectas para saciar el hambre. Y, como no, el aguacate siempre es un valor seguro por su aporte de grasas saturadas”, relata María Amaro.
Tras la fruta lo suyo sería poner rumbo a la proteína y pasar de esos hidratos de carbono simples a los que, tradicionalmente, hemos tirado en el desayuno. “Nos han educado en una dependencia absoluta de los hidratos de carbono a los que siempre se ha recurrido como fuente de energía para arrancar el día. Sin embargo, las galletas, los cereales o las tostadas de pan blanco lo que hacen es producirnos picos de azúcar en sangre“, advierte Fernández Ligero. Y, claro, todo lo que sube muy rápido, suele caer de forma dramática. “Tras el subidón de energía, llega un bajón muy rápido que nos obliga a volver a comer y, por eso, si desayunamos carbohidratos nos pasamos la mañana con ganas de picar”.
Aclarado el concepto de por qué tenemos que tirar hacia la proteína de la buena, María Amaro nos explica que lo mejor es “tomar huevos cocidos, que son fáciles de digerir y bajos en calorías, o revueltos, con pavo, atún o algo de verduras”. Y lo peor, no hace falta ser muy avispado para saberlo, “las carnes procesadas (salchichas, beicon, etc.) y todas esas fuentes de ácidos grasos no saludables que se nos presentan como oscuros objetos de deseo en el desayuno”.
En el espacio los de cereales y los panes, “lo más recomendable es decantarnos por las versiones integrales y la avena, porque, además de hacernos sentir saciados durante más tiempo, nos va a ayudar a facilitar la digestión y a regular el tránsito digestivo”.
A nadie le amarga el dulce, y menos todavía si ese uno está de vacaciones, por eso, esta nutricionista nos sugiere que “reduzcamos su consumo a un solo día a la semana, eligiendo, a ser posible, la opción más saludable (repostería casera, etc)”.
En cuanto a las bebidas, ya se sabe, “necesitamos beber agua en abundancia para mantener una hidratación correcta en esta época en la que las temperaturas son tan altas”. El agua, además, “no tiene calorías y nos va a ayudar a no comer en exceso, porque incrementa la sensación de saciedad”. En cuanto a las bebidas calientes, “tanto el café como el té son estupendos”.
Amaro recomienda “tomarla semidesnatada, porque con la desnatada perdemos todas las vitaminas liposolubles y la entera tiene muchas más calorías”.
Y, mucho ojo, con los zumos. Amaro aconseja “limitar el consumo de zumos, aunque sean naturales, porque nos metemos un chute bestial de azúcar de golpe y la fibra se queda en el exprimidor. Lo mejor es tomar la fruta siempre en piezas”.