En este artículo de El Mundo se explica como los atajos a la hora de adelgazar no existen.
Ni dietas exprés ni soluciones presuntamente ‘milagrosas’. En caso de que necesitáramos perder peso por una cuestión de salud, la nutricionista de CDI aboga por un planteamiento realista y llevadero en el tiempo, porque todo lo que se consigue demasiado rápido, se pierde con idéntica velocidad y el efecto rebote está siempre al acecho.
Las prisas nunca son buenas consejeras y, cuando está en juego la salud, menos todavía. Con una sólida trayectoria profesional a sus espaldas, María Amaro, especialista en nutrición de CDI, nos invita a huir de dietas milagro y promesas inalcanzables. Para adelgazar (si es que tenemos que hacerlo), no hay atajos que valgan.
PREGUNTA. Vayamos al grano. Queremos adelgazar (porque realmente lo necesitamos). ¿Qué hacemos?
RESPUESTA. Si realmente lo necesitamos, lo primero que deberíamos hacer es plantearnos unos objetivos realistas que podamos mantener en el tiempo. O sea, perder peso con cabeza y, sobre todo, en busca de mejorar nuestra salud, que es lo más importante que tenemos. Y, obviamente, recurrir a un especialista que nos ‘diseñe’ un plan a medida. Aquí no vale “lo que le funcionó a mi vecina” o “el plan que siguió mi cuñada”.
P. El problema es que, de repente, nos entran las prisas y, en ese escenario, ¿cuál es la peor decisión que podemos tomar?
R. Hacer algo que nos pueda dañar como, por ejemplo, buscar atajos para adelgazar lo más rápido posible. Lo ideal es perder los kilos de más que hayamos podido coger poco a poco para que no se produzca un efecto rebote. No se nos debería de olvidar que todo lo que se pierde de rápido se recupera con idéntica velocidad y, a veces, con creces.
P. El terreno de la pérdida de peso está abonado a promesas de soluciones fáciles y rápidas. ¿Cuál sería una pérdida de peso saludable realmente?
R. Más o menos, unos 3 o 4 kilos al mes, o sea, 1 kilo a la semana. Eso es lo ideal, porque ahí es cuando de verdad se pierde grasa -que es lo que se debe perder- y no agua o músculo. Cuando nos ofrecen cosas más rápidas, debemos desconfiar y caer en la trampa de presuntas ‘dietas milagrosas’. Aquí los milagros no existen. Lo único que funciona es hacer las cosas con cabeza e, insisto, priorizando la salud.
P. Acabamos de dar por clausurados los banquetes navideños y todavía andamos medio ‘raros’. ¿Cómo podemos detectar si lo que nos pasa es que hemos cogido unos kilos de más o, simplemente, que estamos hinchados de tanta comilona?
R. Después de casi mes y medio de excesos, porque los atracones no solo se circunscriben a las fechas clave de la Navidad, se pueden llegar a coger hasta 5 kilos de más. Pero, más allá del veredicto de la báscula, nos encontramos mal, hinchados y, probablemente, con problemas de tránsito intestinal, porque nuestra flora bacteriana se ha visto alterada debido a todos esos excesos de comida más suculenta de lo habitual, alcohol y dulces.
P. ¿Cuál es tu receta para volver a abrocharnos los pantalones sin necesidad de contener la respiración?
R. Ni dietas exprés ni soluciones ‘milagrosas’ ni batidos detox. Volver a comer sano (frutas, verduras, carnes, pescado, etc.), eliminar el alcohol y hacer deporte. Simplemente con retomar nuestras rutinas habituales deberíamos conseguir adelgazar lo que hemos engordado en Navidad, porque solo con comer y movernos como solemos hacerlo normalmente (no metiéndonos 6.000 calorías en una cena aparcando por completo la actividad física, que es lo que hacemos durante las fiestas navideñas) podemos ese déficit calórico que se necesita para perder peso.
P. Para comer bien y sano, ¿qué no podría faltar en nuestra mesa?
R. Aunque es lo primero que quitan en muchas dietas de pérdida de peso, no deberían faltar los hidratos de carbono complejos (cereales integrales, legumbres, tubérculos, etc.) y, por supuesto, tampoco podríamos prescindir de las proteínas (de origen animal o vegetal), las verduras y las frutas.
P. ¿Qué hacemos con el arroz y la pasta? ¿Es imprescindible que los tomemos integrales? Porque, seamos sinceros, no saben igual (aunque para gustos, los colores).
R. No tiene por qué. La pasta, al igual que el arroz, si se cocinan bien no tiene por qué ser integral. Si los cocemos con guindilla cayena se rompe el índice glucémico, pero mantienen todos sus nutrientes y no engorda. ¿Qué hacemos si no nos gusta el picante? Pasarlos un poco por agua antes de comerlos.
P. Está muy de moda cenar muy ligero, una pieza de fruta o un yogur, o directamente, no tomar nada. ¿Cómo lo ves?
R. Yo soy más partidaria de cenar temprano y, más que poco, escoger muy bien los alimentos que vamos a tomar. En la cena no pueden faltar las proteínas, porque son las que nos van a proporcionar una sensación de saciedad más prolongada, y las verduras. Así nos vamos a dormir bien nutridos y saciados. Cenar solo una pera o un yogur, además de una tristeza, nos puede generar un pico de insulina que nos empuje a arrasar la nevera a las 3 de la mañana.
… visitar el periódico El Mundo
